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En Cartago la luna se despoja
del brillo tutelar que intenta asirla.
Se acuesta al son del mar que la descubre
en murmullos marinos maternales.
La bahía acosada por su puerto
tras los meses lunares que le asisten.
Destello líbico grabado en piedra
y tallado en el torso del olvido
que vislumbra una sangre bereber.
Descendientes de Dido en esta noche
reflejan sobre el agua un mar fenicio
y entre el mito y el hecho se alunizan.
Selene en Roma invade el alfabeto
del Imperio que escribe con mayúsculas
una historia que Eneas virgiliano
escribe en la ficción de tantas lunas.
Y allá la luna media
en el año cincuenta de esta Hégira
describe el mes lunar
con árabe escritura.
Y tú, la luna de Cartago, brillas
en puntos cardinales con tus lenguas.
Y todo el que te observa se pregunta
en qué idioma hablarás
cuando alumbras las termas de Antonino,
cuando El Bardo se acuesta entre sus noches,
cuando Chebika llora tu silueta,
cuando Limán, Abdul y el buen Hamid
discuten en la paz de tu silencio.
¿Cuándo hablarás tú, luna, la
políglota?
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