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No quiero al remolino,
ni al tifón,
ni las tormentas de verano quiero.
No quiero acapararte con las redes
de mis olas.
Sólo quiero la calma,
sentir que te resbalas por mi lomo.
No quiero el ancla de tu beso urgente,
ni el arpón fulminante de la carne,
ni la necesidad abrumadora
de sentir la caricia y el deseo
en los jóvenes cuerpos que ostentamos.
Sólo quiero tu quilla marinera,
sólo quiero tu cuerpo deslizante.
Tu cuerpo deslizándose en mi cuerpo.
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